Las venas abiertas de la Isla de Santo Domingo


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Por: Manuel Emilio Duvalls Ledesma.

Se cumplen ciento setenta y siete años de la independencia de la República Dominicana, y todavía aún Haití, no ha podido sanar las heridas sufridas con la independencia del territorio dominicano. No han bastado las treinta y seis guerras y las cuatro contiendas en la que los soldados dominicanos han vencido a los haitianos, los haitianos se resisten a reconocer a esta parte de la isla como una nación libre, sino todo lo contrario, su afán no es estrechar lazos de amistad, sino que cada día que pasa alimentan más el odio de sus ciudadanos en contra de nosotros, adoctrinándolos en las escuela donde les dicen que la República Dominicana es una provincia rebelde de Haití y, que tarde o temprano tendrá que sucumbir y, entonces se convertirán en un solo país gobernado por Haití.

Los haitianos siembran el odio contra los dominicanos y, después se presentan ante la Comunidad Internacional, como victimas mediante denuncias una tras otra en contra de la República Dominicana y, como a los haitianos nadie los quiere en su país, todos los países se han puesto de acuerdo para acusarnos de xenófobos y racista. Es una falta de respeto, decir que los dominicanos son racistas cuando todo el mundo sabe que la República Dominicana es un país en su mayoría de raza negra, donde conviven todos en armonía bajo una sola raza, cultura y nación “DOMINICANOS”, todo lo contrario de Haití, que hay tres tribus africanas enfrentadas entre ellos mismos. El mundo pide a República Dominicana que abra las puertas a los haitianos y, la pregunta es la siguiente: ¿por qué no le abren ustedes las puertas de sus respectivos países para que los haitianos emigren a vuestro país, que sois todos más ricos que nosotros? Todos esos países que pretenden que República Dominicana abra la puerta a los haitianos, les tienen la puerta cerrada a los dominicanos, a nosotros nadie nos abre las puertas. Los haitianos no conocen el respeto, recuerden bien el fallo de la famosa Sentencia del 23 de septiembre de dos mil trece del Tribunal Constitucional dominicano, que creó un revuelo internacional y, recuerden también, la macro-manifestación que organizaron los haitianos en el dos mil catorce en contra de la nación dominicana, manifestación que fue organizada por el Presidente del Colegio de Abogados de Puerto Príncipe y, que contó con el apoyo del entonces Presidente de la República de Haití, Michel Martelly, donde el lema era, vamos a recuperar nuestro territorio; vamos a derramar la sangre de todos los dominicanos porque este país nos pertenece. Los entrecomillas intelectuales haitianos desconocen la historia de la Isla, la nación dominicana, tiene su nacimiento en el año mil cuatrocientos noventa y dos y, Haití nace como nación en el año mil seiscientos noventa y siete. Es decir, que cuando la nación haitiano hizo su nacimiento, ya la nación dominicana llevaba casi dos siglos de existencia. Entonces, la pregunta es: ¿Quién pertenece a quién?

No hay mejor defensa que un contra-taque, Haití tiene sueños y delirios con la invasión a República Dominicana, y como no ha podido hacerlo por la fuerza, lo está haciendo de manera pacífica y, es aquí cundo la República Dominicana debe recurrir al contra-taque. Sí, debemos en primer lugar, recuperar los territorios dominicanas que están en poder de los haitianos que son: San Miguel de la Atalaya, San Rafael de Angostura, Hincha (Ciudad del verdadero libertador de la República Dominicana el General Pedro Santana) y, las Caobas, estos territorios son dominicanos, en cambio, están en poder de Haití, y debemos recuperarlos y, una vez en poder nuestro, hemos de conquistar la Isla por completo, porque esa Isla es nuestra, es la Isla de la española y no la Isla francesa. Ya estamos cansados de tantos intentos de ocupación haitiana, entremos con los tanques, cubrámosle el ciento con los cazas y los Tucanos y, vamos a enterrarlos todos en el mar.  Es una falta de respeto que la tierra de nuestro General Santana, el verdadero héroe de la independencia esté bajo el poder de Haití.

Galopa caballo cuatralbo a galopar a galopar, hasta dejarlos enterrados en el Mar. Galopa jinete del pueblo, caballo de espuma, a galopar a galopar, hasta dejarlos enterrados en el Mar.

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